¿Qué pasa con nuestras cuentas cuando morimos?

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Por Matías Jackson

¿Se puso alguna vez a pensar qué pasará con su cuenta de Facebook si a usted le pasa algo? Si nadie más tiene su contraseña, ¿Seguirá ésta abierta para siempre? ¿O podemos decidir su futuro de antemano?La muerte no es un tema de gran afinidad sobre el que nos guste pensar a menudo, y menos a la gente joven que utiliza los medios digitales como principal forma de comunicación, o mejor dicho, de vida.

Es incalculable la cantidad de información que depositamos en nuestros “espacios virtuales”. Tal como si fueran depósitos tipo garaje o diarios íntimos, vamos desperdigando por internet nuestros documentos, fotos, mensajes, correos, comentarios y un largo etcétera que cada uno sabrá rellenar. Esto constituye lo que se ha denominado “patrimonio digital“

Todo esto nos hace preguntarnos, ¿Qué pasa con todos esos datos una vez que dejamos este mundo? En el mundo “no virtual” sabemos que nuestras pertenencias pasarán al patrimonio de nuestros herederos, pero ¿pasará lo mismo con nuestros bienes digitales?

Para analizar este punto vamos a ver qué preven tres grandes servicios de internet, en los que probablemente todos tengamos una cuenta creada: Google, Facebook y Twitter.

Google

El buscador por excelencia, ha creado una herramienta llamada Gestor de cuentas inactivas que nos permite decidir varios aspectos relacionados con nuestros datos para cuando ya no estemos en este mundo.

Primero se debe establecer el tiempo que deberá pasar desde tu último ingreso a la cuenta Google para considerar una cuenta como inactiva. Luego, si pasado este tiempo no vuelves a ingresar en la cuenta, Google enviará un mensaje a los contactos que tú elijas para avisarles que no usarás más esa cuenta y finalmente la eliminará definitivamente (Si eliges esta opción).

Los datos de la cuenta serán eliminados tras 3, 6, 9 ó 12 meses de inactividad de la cuenta, dependiendo de lo que uno haya elegido.

Lo bueno del servicio es que, como Google está detrás de varios de los servicios web más utilizados (Gmail, Google+, Youtube, Blogger) bastará configurar esta herramienta para manifestar nuestra voluntad en todos estos demás sitios.

Si no hemos utilizado el Gestor, el proceso de solicitud a Google es un poco más complejo. La empresa analiza cada solicitud hasta decidir si dar de baja la cuenta o no.

Facebook

Probablemente nadie tenga más información sobre nosotros que el propio Facebook. Conoce nuestros gustos, nuestras conversaciones, nuestras fotos, nuestros amigos, nuestras parejas, nuestras ex-parejas, y muchos más. ¿Qué pasará con todos estos datos?

La red social de Mark Zuckerberg permite que nuestros familiares notifiquen el deceso enviando un testimonio de partida de defunción. Una vez que Facebook lo reconoce, nuestros parientes tienen dos opciones: 1) Eliminar nuestra cuenta, o 2) Crear una página conmemorativa, una especie de santuario virtual para que nuestros amigos cuelguen recuerdos o imágenes.

Para denunciar la cuenta de un familiar o conocido cercano fallecido debemos acceder al siguiente link.

Nosotros, en vida, podemos seleccionar quiénes serán los encargados de esta gestión virtual, aunque lamentablemente esta opción preventiva aún no está disponible en Uruguay.

Twitter

La red social del pajarito hace caducar las cuentas automáticamente a los 6 meses desde que estas se mantienen inactivas. Sin embargo, igualmente es posible contactar con la red social y gestionar la cuenta del fallecido si se acredita el vínculo de parentesco (mediante certificado notarial) y la defunción.

Otros servicios

Con la intención de brindar una experiencia más cómoda para el usuario, se han creado algunos servicios que ofrecen una solución integral: Los Testamentos Digitales. Es decir, permiten al usuario seleccionar de una lista, los servicios que utiliza y decidir qué pasará con ellos: cuáles se eliminarán definitivamente, cuáles pasaran a un familiar, y cuáles permitirán la descarga de los datos y luego se eliminarán.

Se designa una persona de confianza que notifica a estas páginas que el titular ha fallecido (previo envío de una partida de defunción) y luego ellos se encargan del resto del trabajo.

Muchos de estos nuevos servicios están a cargo de abogados o escribanos, quienes en conocimiento de las leyes aplicables y con el respaldo del secreto profesional aseguran la máxima discreción y una  rápida diligencia. Algunos ejemplos son:

Los problemas que ocasiona la vida digital con el advenimiento de la muerte irán en aumento a medida que nos volvemos más y más dependientes de la Red. Basta pensar en los monederos electrónicos para reflexionar en su futuro y la forma de que estos pasen a nuestros herederos.

Conviene conocer y hacer uso de estas herramientas para ahorrar más de un dolor de cabeza a nuestros familiares.

Víctimas de una vida 2.0

vida20Por Juan Ignacio Zamora Montes de Oca

No podemos imaginar hoy en día cómo podríamos llevar a cabo muchas de las tareas que realizamos sin las ventajas que nos ofrece Internet: el correo electrónico, las redes sociales y otras herramientas de democratización social. Cada vez que pensamos en Internet lo vemos como un horizonte sin límites del cual casi a diario podemos obtener múltiples alternativas para trabajo, diversión, interacción con amigos y otras actividades que ponen al alcance de nuestras manos el mundo entero.

Las redes sociales digitales son aplicaciones en línea que nos permiten relacionarnos de maneras muy peculiares con otros sujetos en cualquier parte del mundo. Este fenómeno no tiene más de 30 años, pero en este corto tiempo ha logrado un acelerado avance. Cada día vemos cómo transforma nuestra forma de socializar.

Debido a su acelerado avance y a una escasa legislación, se ha vuelto una costumbre generalizada compartir comentarios, fotografías, videos y otro tipo de información en redes sociales. Quienes reciben dicha información rara vez se cuestionan la veracidad de las publicaciones. En muchos casos, ni siquiera sabemos la fuente de donde se generó la información, y simplemente le damos compartir sin pensar en los perjuicios que nos puede causar esa acción o en los que se les puede causar a las personas implicadas en el hecho que se comparte.

Delitos informáticos. Las redes sociales, entonces, son un vehículo acelerado e idóneo para llevar a cabo delitos. Estos delitos no son nuevos, sino que simplemente se realizan por un medio distinto. Así, encontramos que se pueden cometer delitos contra la libertad (amenazas), contra la intimidad y el derecho a la propia imagen, contra el honor, contra el patrimonio y contra la propiedad intelectual e industrial.

Por más que tratemos de buscar que se elimine contenido de los buscadores o bases de datos, en Internet no existe el olvido. La información que se trata de eliminar siempre se mantendrá en alguna esquina de la Red; muchas veces creemos que la borramos, pero lo que hacemos realmente es solo cubrirla un poco o, simplemente, borrarla de un lado, pero sigue existiendo en línea en otra parte.

Huella imborrable. Si tomamos en cuenta que el contenido no solo puede estar alojado en Internet, sino también en una base de datos que no tenga conexión a la Red, nuestra huella digital es imborrable en su totalidad, pues no podemos ejercer control sobre la velocidad y la cantidad de veces que se comparte la información.

Incluso, ya se ha demostrado que ciertas redes sociales hacen creer a los usuarios que eliminan lo publicado, cuando en realidad siguen almacenando la información en sus servidores. Lo que sucede es que simplemente se hace invisible e inaccesible a los usuarios. Esto mismo ocurre cuando creemos que borramos algún comentario o fotografía en las redes sociales, pero realmente no lo hacemos, solo bloqueamos el acceso o sacamos el contenido de circulación. La foto o el comentario siguen almacenados en alguna base de datos.

La vida online es igual a la vida offline , pero con el agravante de que Internet realmente es una memoria permanente sin control. En Costa Rica, el número de usuarios costarricenses en la red social Facebook ya sobrepasó el millón, y a nivel mundial existen más de 1,4 billones de usuarios de esta red, a través de la cual se comparten diariamente más de 10 billones de mensajes y cerca de 350 millones de fotografías. Hágase, entonces, la siguiente pregunta: si postea una foto o un comentario hoy y los elimina mañana creyendo que los borró de Internet, ¿no cree que alguno de los restantes 1,4 billones de perfiles del mundo guardó esa información sin su permiso con el fin de comprometerlo a usted en cualquier acto lícito o ilícito el día de mañana?

Identidad Digital: concepto, componentes y riesgos

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Por Dulcemaría Martínez Ruíz

Para entender el concepto de Identidad Digital, me remito en primer término al concepto que establece la Real Academia de la Legua Española respecto de Identidad, la cual es definida como el “Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás”,[1] es así que si llevamos este concepto al ámbito digital o a la exposición y desarrollo de tal identidad en este contexto, tendremos conceptos como el que establece el Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación (INTECO), que a continuación se describe:

La identidad digital “…puede ser definida como el conjunto de la información sobre un individuo o una organización expuesta en Internet (datos personales, imágenes, registros, noticias, comentarios, etc.) que conforma una descripción de dicha persona en el plano digital.”[2]

Además, es importante considerar otros aspectos como el que “No hay identidad digital sin interacción, sin visualización en el espacio virtual”[3], ello conforme al dicho de Fernández Vicente.

También, hay que diferenciar entre identidad digital e identidades parciales, cada identidad parcial corresponde a cada servicio o aplicación en internet, como las redes sociales, usuarios de correo electrónico, entre otros, pero al final la suma de estas identidades parciales es lo que constituye la identidad digital.

Componentes de la identidad digital

En sus orígenes, los componentes base de la identidad estaban disponibles por medios físicos o periodísticos tales como nombres, certificados de nacimiento, títulos universitarios o profesionales, cartas de no antecedentes penales o información de notas periodísticas, sin embargo, con la aparición de los instrumentos de digitalización, del impulso en el uso de computadoras personales y con el incremento en el uso de internet, los datos e información que componen la identidad de una persona no solamente se dispersaron con mayor facilidad, sino que se incrementaron, al grado que ahora no solo tenemos dispersada en internet información que corresponde a la identidad de las personas en lo individual, sino también de las empresas, autoridades, grupos de trabajo u organizaciones varias.

Además, con los nuevos sistemas informáticos y de comunicación, sobre todo los móviles, día a día estamos arrojando información que incrementa datos a nuestra identidad digital, tal es el caso de los datos que arrojan la geolocalización, aplicaciones que predicen nuestros gustos y deseos, las que involucran reconocimiento biométrico.

Actualmente el que cualquier persona pueda investigar y conocer nuestra identidad digital desde cualquier parte del mundo y con ello hacer un buen o mal uso de la información, es tan importante y al mismo tiempo conlleva un gran nivel de riesgo, lo cual nos lleva a la reflexión de que deberíamos cuidarla como uno de los aspectos más preciados de nuestra vida.

Sin embargo, es preocupante cuando nuestra identidad digital sale de nuestro control, ya que la misma se va construyendo además con la información y datos que otras personas vayan generando respecto de nosotros, incluso, nuestra identidad digital llega a ser alimentada con la percepción o comportamiento que se tienen las personas con las cuales nos relacionamos, de manera que incluso existen aplicaciones tales como “Lenddo”, que no solo se realiza la información que las personas le proporcionan para realizar un análisis de si son susceptibles de recibir un préstamo o crédito, sino que además se toma en cuenta la información de nuestros familiares y amigos en Facebook aportan sobre nosotros, o incluso, la información que arroja el mero hecho de tener a ciertas personas como nuestros contactos o la forma en la que interactuamos con ellos.

Es así que la identidad digital se compone por lo menos de información proveniente de tres grandes grupos; la generada por el propio individuo, la generada por terceros y la que se genera en el contexto de las relaciones del individuo.

Problemas o riesgos a considerar respecto de la identidad digital

Uno de los problemas de la identidad digital es la posibilidad que tiene un solo individuo de generar una pluralidad de identidades, ya si bien es cierto que hay a quienes les conviene trabajar en la correcta construcción de su identidad digital para adquirir más impulso o reconocimiento social o político, también lo es que pueden existir motivos por los cuales una persona desee permanecer en el anonimato que brinda internet, ello por distintos motivos, tales como temas de seguridad, libertad de expresión, para ocultar o disfrazar los actos o consultas de información, o cuando simplemente se tenga el interés de que tales actos no afecten la identidad principal.

Es así que lo anterior puede representar un problema para las empresas, las autoridades o para quienes prestan servicios vía web, o cuando la contratación de los productos o servicios se realiza mediante estos medios, ya que es muy complicado saber quién es la persona que en realidad está realizando la transacción, quedando expuestos por ejemplo a fraudes cometidos por el uso de identidades digitales falsas, los cuales en combinación con el uso de tarjetas de crédito clonadas o robadas, puede ser una herramienta muy peligrosa.

Es así que a diferencia de la identidad en el medio físico en la cual es más fácil identificar la persona que está realizando la operación, en el medio digital tenemos el problema de la falta de conexión entre una persona determinada y una identidad digital, tan incierto puede ser que al momento de offline la identidad digital puede dejar de existir.

La suplantación de identidad es otro de los problemas que afecta a una de las identidades parciales del individuo, es decir, se da una afectación a una de las cuentas o aplicaciones a las cuales tiene acceso el individuo, lo cual a su vez y dependiendo del grado de intromisión y del daño causado, puede llegar a cambiar en grado considerable la identidad digital del individuo.

Lo anterior puede ser realizado mediante distintas formas, entre ellas, el uso del nombre o usuario de la persona, se genere una identidad que ridiculice a la identidad original o se haga un uso no autorizado de la cuenta, pero al final tendremos como consecuencia la afectación a la privacidad, bienes, honor o reputación de una persona.

Otros de los problemas más comunes asociados a la identidad digital son las violaciones a los derechos la privacidad, los derechos autorales, daño reputacional,  sexting, bullying, entre otras actividades que van deteriorando o violentando la identidad digital de una persona, llegando a grados en los que incluso se lleguen a afectar las relaciones personales y la vida íntima de la persona.

Bibliografía

Comunicación, I. N. (junio de 2012). Guía para Usuarios: identidad digital y reputación online. Recuperado el 05 de julio de 2014, de INTECO:

file:///C:/Users/dmartinezr/Downloads/guia_identidad_reputacion_usuarios.pdf

Española, R. A. (s.f.). RAE. Recuperado el 15 de junio de 2014, de RAE:

http://lema.rae.es/drae/?val=identidad

OECD. (2011). Digital identity management. Recuperado el 15 de julio de 2014, de OECD:

http://www.oecd.org/sti/ieconomy/49338380.pdf

Subias, Miguel Pérez; Caro Castaño, Lucia; Fernández Vicente, Antonio; Winocur, Rosalía; García Cantero, Jaime; Roca, Genís; Sánchez , Sergio; Vilches , Lorenzo; Subires, María Purificación;. (abril-julio de 2012). TELOS. Recuperado el 15 de julio de 2014, de Dossier, Identidad Digital:

http://telos.fundaciontelefonica.com/docs/2012/07/26/10390001_4_4_0.pdf#page=56

[1] Española, R. A. (s.f.). RAE. Recuperado el 15 de junio de 2014, de RAE:

http://lema.rae.es/drae/?val=identidad

[2]Comunicación, I. N. (junio de 2012). Guía para Usuarios: identidad digital y reputación online. Recuperado el 05 de julio de 2014, de INTECO:

file:///C:/Users/dmartinezr/Downloads/guia_identidad_reputacion_usuarios.pdf,  p.p. 5.

[3] Subias, Miguel Pérez; Caro Castaño, Lucia; Fernández Vicente, Antonio; Winocur, Rosalía; García Cantero, Jaime; Roca, Genís; Sánchez , Sergio; Vilches , Lorenzo; Subires, María Purificación;. (abril-julio de 2012). TELOS. Recuperado el 15 de julio de 2014, de Dossier, Identidad Digital:

http://telos.fundaciontelefonica.com/docs/2012/07/26/10390001_4_4_0.pdf#page=56, p.p. 71

Presentación de la Declaración de Ciudad de Panamá

Por Daniel A. López Carballo

En la tarde del miércoles 23 de julio de 2014 fue presentada la séptima Declaración de la iniciativa del Observatorio en el Auditorio Harmodio Arias del Colegio Nacional de Abogados de Panamá, por D. José Alberto Álvarez Álvarez, Presidente del Colegio, en un evento organizado por la Comisión de Derecho de las Nuevas Tecnologías del Colegio.

En el acto también intervinieron el Dr. Rigoberto González Montenegro, así como Dña. Lía P. Hernández, como Presidenta de la Comisión de Nuevas Tecnologías del Colegio Nacional de Abogados de Panamá. Acudieron al acto, entre otros, el Profesor Edgardo Villalobos, Catedrático de Derecho Informático de la Universidad de Panamá, Dr. Abel Augusto Zamorano, Magistrado del Tribunal Supremo de la República de Panamá y el Ldo. Moisés Fraguela, Encargado de la Dirección de Comercio Electrónico del Ministerio de Comercio e Industrias de Panamá.

La Declaración de Ciudad de Panamá, hacia la unificación de criterios y garantías para la protección de la identidad digital y el derecho al olvido, contó en su elaboración con la participación de expertos de España, Argentina, México, Panamá y Bolivia, entre los que cabe reseñar Francisco R. González-Calero Manzanares, Romina Florencia CabreraJavier Villegas FloresDulcemaría Martínez RuízMarta Sánchez ValdeónEdgar David Oliva TeránLía P. Hernández Pérez, João Ferreira Pinto, Diego Pérez Gutiérrez, José R. Leonett, Ruth Benito Martín, Alberto Martín Hernández, coordinados por Daniel A. López Carballo.

La Declaración nace como reflexión y exposición de la situación actual en materia de protección de datos en Iberoamérica y las líneas programáticas por los que se debería apostar en pro de una mayor protección del derecho a la intimidad, la propia imagen y el honor de las personas en Internet, sus relaciones con el concepto de identidad digital, reputación online en una rama del derecho tan necesaria y en ocasiones desconocida por los ciudadanos.

En un momento crucial en el ámbito normativo europeo e iberoamericano, la reciente sentencia en la Unión Europea relacionada con el derecho al olvido, pone de relieve la necesidad de prteger la intimidad de las personas y su derecho al honor, entre otros, en un ámbito como es Internet donde intervienen diferentes empresas, instituciones, responsables y encargados de tratamiento, de distintas nacionalidad y donde convergen múltiples legislaciones nacionales, se hace especialmente relevante apostar por una unificación de criterios y mecanismos que hagan realidad la protección de las personas y su identidad digital..

Tomando la referencia de Jorge Luis Borges “Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón”, debe afrontarse un debate global, con independencia del territorio o la nacionalidad de las personas parta proteger este derecho erga omnes que afecta a la esfera más íntima de las personas.

La gestión de la identidad en la era digital

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Por Daniel Monastersky

Con la difusión de imágenes filtradas a principios de año por el denominado ¨Camus Hacker¨ se evidenció una preocupación en gran parte de la sociedad producto de la facilidad con la que supuestamente se había vulnerado la intimidad de las victimas.

Debemos aprovechar este incidente para generar espacios donde los ciudadanos puedan aprender respecto de las medidas existentes para minimizar los riesgos que existen en internet.

Algunos de los damnificados, ante la incertidumbre de llegar a un resultado concreto, decidieron no radicar la denuncia en la justicia penal. Esa falsa percepción de vacío legal, de desprotección en material de delitos informáticos no es tal, si bien existen algunas figuras que todavía no han sido tipificadas. Desde el año 2008 esta vigente la Ley 26.388 de Delitos Informáticos y recientemente ha tomado estado publico el anteproyecto de ley del Código Penal que contempla el robo de identidad.

En la actualidad es fundamental ir construyendo una identidad digital. Internet es nuestro CV y queramos o no, para muchos, somos en un punto lo que se refleja allí sobre cada uno de nosotros. La reputación que uno tenga esta basada, en muchos casos, en la percepción e información que haya sobre cada uno de nosotros en la red.

Lo que uno no diga sobre su persona, lo dirá otro. La construcción de la identidad, la generación de contenido y la responsabilidad en cuanto a lo que se comparta, será de suma importancia en los años venideros. Es necesario pensar antes de subir una foto, un video o un comentario. Puede causar un daño y deberemos responder por él. También podría generar inconvenientes en nuestra vida personal y profesional. Lo que se sube a internet, no se baja mas, con suerte se podrá borrar en parte y dificultar el acceso al mismo a través de medidas cautelares ante los buscadores, dificultando su acceso.

Si no tenés presencia en las redes sociales, alguien lo hará por vos.

El necesario ocupar los espacios sociales en la red. Aunque uno no quiera tener actividad o interactuar con otras personas, sugiero contar con un perfil, al menos en Twitter, Facebook y Linkedin. En caso que no tengamos presencia en esas plataformas, un tercero podría ocupar ese espacio y, para muchos, ese será tu perfil verdadero.

Se viene el Defensor del Internauta.

El proyecto del Defensor nació hace varios años, en el 2010. El objetivo principal fue crear la figura de ¨El Defensor¨. El objetivo es contar con un sitio en internet donde los ciudadanos puedan acceder a información sobre los delitos que se cometen a través de medios informáticos, como denunciarlos, donde, consejos y sugerencias para la presentación de la evidencia digital.

De manera complementaria se crearía la Oficina de Atención a las víctimas de delitos informáticos, allí se podrá denunciar este tipo de modalidades delictivas y orientar a las personas respecto de los pasos a seguir.

Es fundamental llegar a todos los ciudadanos, por lo que seria ideal contar con un Defensor Nacional y Defensores en cada una de las provincias, con su equipo de colaboradores.

Publicado originalmente por el autor en Tiempo Judicial.

Identidad digital, concepto y protección

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Por Edgar David Oliva Terán

La identidad no es un concepto contemporáneo, puesto que este siempre existió para poder diferenciar a los individuos, pero en una revolución como lo es la informática y de la información, el concepto de identidad ha cobrado mayor importancia al concebirse dentro de internet, es por ello que hablamos de identidad digital, la misma que sirve para identificar a los sujetos que interactúan por la web, mismos sujetos quienes reciben el nombre de “usuarios”.

Es el internet un espacio masivo de usuarios, donde muchas veces surge el temor, de no saber con quién se está conversando, de si es o no es quien dice ser, es por ello que la identidad digital podría llegar a ser útil cuando cumple su labor de identificar a los usuarios, por ello se entiende que el internet a acercado a sujetos que se encuentran tan distantes, cuya única forma de conocerse es mediante los datos que se plasman en internet.

Hay que entender a la identidad digital como el rastro que los usuarios de internet dejan registrado y disponible para todos los demás usuarios, estos rastros se generan a causa de la interacción en redes sociales o contenido publicado en plataformas web. Para posteriores efectos jurídicos, se podría comprender que la identidad digital otorga el derecho subjetivo a terceros para opinar o no sobre nuestra persona (reputación digital), en una sociedad interconectada y cuyo lenguaje se ha cifrado en la información, se puede establecer que nosotros somos lo que publicamos.

La identidad digital nace en la trayectoria que realizan los usuarios de internet dentro de las redes sociales, cada imagen, cada comentario y publicación no es más que la manifestación del usuario, y todos aquellos contactos que visualizan dicha información, generan a su propio saber y entender un criterio sobre el usuario que facilito toda aquel contenido.

La formación de la identidad es algo casi inconsciente, pues se forma a medida que nos desplazamos por el ciberespacio, es así como cada contacto cuenta, al igual que cada pensamiento que registramos en nuestras diversas redes sociales. Nosotros decidimos ser sujetos activos del internet, fue nuestra decisión perpetuar mediante el registro de nuestras ideas y diario vivir, el quiénes somos y como nos comportamos.

Y la identidad digital no es más que eso, el cómo nos mostramos ante el mundo a través de internet, en otros aspectos, quizás en otras épocas, hablar del “mundo” podría ser algo exagerado, sin embargo, el internet es tecnología que nos permite preocuparnos de la mirada del mundo, pues es el mundo quien comparte de forma rápida y cercana, contenido para nosotros y nosotros publicamos para el mundo. Tal como afirma Roberto Ruz “En redes sociales todos somos figuras públicas…”[1] nos encontramos constantemente alimentando con información a nuestros contactos, y por ello somos visibles ante todo aquel que decida buscar nuestro nombre en internet.

Si bien la identidad digital, en primera instancia es generada por nosotros, se debe recordar que son otras personas también las que pueden ayudar a generar esta información, con solo subir fotografías, comentarios y diversas actuaciones que puedan ser digitalizadas e indexadas a nuestro nombre, se estaría contribuyendo a nuestra imagen digital.

Las redes sociales si bien son círculos medianamente privados entre el usuario y sus contactos, la información vertida dentro de estas plataformas sociales, son públicas para la web en general, claro si es que uno no ha configurado lo establecido por defecto en cuanto a la indexación con motores de búsqueda como ser google, esto solo es una muestra de que la imagen que se muestra sobre cada persona, no es algo de permanencia propia de una red social en específico, y no son contados los contactos que pueden acceder a esta información, sino que se debe hablar de usuarios de internet y ya no de contactos de redes sociales.

Es obligación de cada uno cuidar que imagen se genera en internet, en el entendido de que es por nuestra identidad digital que se gana presencia en la esfera laboral, somos libros abiertos para las empresas, para los clientes, la seriedad de la persona ahora se puede visualizar tal como se visualiza una hoja de vida, pues ahora existen redes sociales para concretar relaciones laborales,  y para los más jóvenes, es por la identidad digital que uno sienta bases para su honra y respeto en el trato humano. Son los más jóvenes los mismos que por no haber recibido una educación moral en el uso de las redes sociales, pueden llegar a hacer público lo íntimo, y divulgar así aquellos aspectos de la esfera privada que eran concernientes solo a amigos de confianza, mismos aspectos que ahora se encuentran en disposición de contactos no conocidos y más aun de usuarios de todo el globo.

Es esto la identidad digital, una imagen que se forma sin que uno se dé cuenta, simples huellas de la actividad humana en un espacio donde todo se registra, no es más que un recordatorio de lo que hicimos, y es así como nos recordara o conocerá la gente.

[1] Roberto Ruz, Eres lo que publicas, Ebook gratuito

Identidad digital y derecho al olvido

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Por Romina Florencia Cabrera

El mundo virtual de Internet y las Redes Sociales posibilita un sinfín de interconexiones y comunicaciones ilimitadas y heterogéneas que logran efectos de conectividad e interacción social antes impensados, pero que también logran traspasar límites físicos, psicológicos, emocionales, económicos, culturales, políticos, laborales, educativos y sociales, perdiendo el protagonista del mismo, el Hombre, el control sobre sus acciones en la Red.

Su Identidad como Persona se ve trasformada en lo que se denomina  “Identidad Digital”, un espacio virtual donde la subjetividad de los individuos da lugar al surgimiento de una identidad en entornos virtuales anónimos, en donde los individuos suelen jugar roles diferentes a los de su vida real: liberarse ; vencer, lo que Norbert Elías denomina a  “Umbrales de vergüenza”. Así es que la relación entre las redes sociales y la vergüenza está dada porque las primeras pueden ser utilizadas como una “máscara” debajo del cual el sujeto puede sentirse libre y resguardar sus aspectos más íntimos (depende cuales y si realmente los resguarda, o ventila información sensible creyendo estar resguardado o protegido por este marco). La vergüenza, aparece como una emoción netamente social, que se experimenta en contacto cara a cara y desaparece en el contacto virtual. La mirada de los otros se ve disminuía da en el mundo virtual, y da sensación de libertad.

En este contexto, se establece un fuerte vínculo entre las estructuras psicológicas y los procesos sociales que conforman y atraviesan al sujeto, es decir, entre las normas que regulan el comportamiento colectivo y las estrategias del sujeto dentro del contexto social, que permiten su articulación con la trama social.

La construcción de la identidad es un proceso que se establece si hay coincidencia entre posicionamiento y aceptación. En las interacciones cara a cara, es difícil pretender ser quien no e s, en cambio, en el entorno de una red social es posible interactuar con otros sin que nada se revele sobre nosotros (subliminalmente muchas veces sí) construyendo la identidad deseada que en el mundo real no se puede obtener, construyendo  los actores sus identidades y refundandolas, adaptándoles a sus expectativas y a los que el mundo social les demanda.

Que sucede cuando a pesar de esta cuerpo normativo de protección en garantías constitucionales el hombre por su propio descuido ventila esos datos a través de la Red?

Puede recurrir a las herramientas jurídicas para rectificar errores o reclamar daños y perjuicios, pero depende de su acto voluntario   de conciencia decidir qué información personal o íntima va a darse a conocer públicamente y cual no. Muchas veces los ciberdelincuentes utilizan métodos de captación ilegítima de información o software especializado en vulnerar sistemas informáticos y no hay prevención que se puede utilizar, pero en los casos cotidianos en que nuestra vida es expuesta en el mundo virtual, depende de nosotros mismos equilibrar la información personal que compartimos en la Sociedad de la Información.

La mejor herramienta de la seguridad es la prevención. Tratemos con un criterio razonable poder disfrutar del maravilloso mundo digital, resguardando nuestra Información Personal y nuestro Derecho a la Intimidad.[1]

En cuanto al Derecho al Olvido, podemos expresar que el ser humano tiene derecho a la privacidad, a “ser dejado solo”, como dirían los anglosajones; su reputación on line debe ser cuidada y el derecho de administrar y disponer de su Información Personal debe ser respetado por todos los actores sociales. Sin embargo, no hay que olvidar que ciertos contenidos de carácter científico, artístico, cultural, histórico, académico, religioso, no deberían desaparecer de la Red sin una buena razón de ser y actuar: la cultura, o sea todo lo que el hombre produce, se transmite de generación en generación por la costumbre y la identidad cultural de los pueblos. Si eliminamos el pasado, no podremos construir el futuro ni el presente. Todos aprendemos de la sabiduría de nuestros antepasados, para evolucionar, mejorar la civilización y sobre todo crecer personalmente como seres humanos, con principios y valores.

Que el individuo debería tener protección de su persona y sus propiedades es un principio tan antiguo como la ley, pero de vez en cuando es necesario definir de nuevo la naturaleza y el alcance de esa protección. Cambios políticos, sociales y económicos, suponen el reconocimiento de nuevos derechos, y la Ley, en su eterna juventud, debe crecer para satisfacer las nuevas demandas de la sociedad. Inicialmente la Ley dio remedio a la interferencia física con la vida y la propiedad privada. Más tarde se reconoció la naturaleza espiritual del hombre, de sus sentimientos y de su intelecto de modo que el derecho a la vida se convirtió en el derecho a disfrutar de la vida, – el derecho al olvido, a que te dejen en paz, asegura el ejercicio de los amplios privilegios civiles, y el término “propiedad “ha crecido hasta incluir toda forma de posesión – intangible, así como tangible.

Así empezaba, con ciertas libertades en la traducción, un artículo de Samuel D. Warren y Louis D. Brandeis publicado en Boston en Diciembre de 1890.

La definición de la privacidad de Warren y Brandeis como el “derecho a que te dejen en paz o el derecho al olvido” se ha descrito como el más completo de los derechos y el más valorado por los hombres civilizados…. cabría decir que esta percepción está cambiando.

Es muy probable que la protección de la privacidad sea para el ciudadano del siglo XXI lo que fue la protección del consumidor en el siglo pasado.

Decía George Orwell en su libro 1984:

Quién controla el pasado controla el futuro.

Quién controla el presente controla el pasado.[2]

Recientemente el Tribunal  de Justicia de la Unión Europea ha ordenado eliminar resultados de búsquedas en algunos casos, a petición de usuarios, basando su sentencia en el “Derecho al Olvido”; y la empresa Google acató la orden judicial.

Este Derecho está relacionado con la Garantía Constitucional de Habeas Data y la Protección de Datos Personales, derecho autónomo e independiente declarado por la Agencia Española de Protección de Datos.

El titular de un dato personal puede borrar, bloquear o suprimir información personal que considere obsoleta o que de algún modo menoscabe otros de sus derechos fundamentales. Este derecho muchas veces se contrapone al de la Libertad de Expresión.

Hay que hallar el equilibrio entre Intimidad, Privacidad, Protección de Datos Personales, Derecho al Honor, a la Asociación y a la Libertad de Expresión. Son todos Derechos Humanos, reconocidos por los Tratados Internacionales y protegidos en las Legislaciones locales, y al alcance de la jurisdicción de los tribunales locales e Internacionales que interceden ante estas cuestiones, para proteger los derechos de los ciudadanos y de la comunidad internacional en general. El Derecho Internacional de los Derechos Humanos debe estar siempre presente en todo momento y lugar, es la regla del “Ius Cogens”. Los Derechos Humanos basan sus principios en la dignidad y valor de la persona humana; así lo estableció la Convención de Viena. Crean obligaciones de los Estados con los ciudadanos directamente; y más aún que su mención en los diferentes ordenamientos legales, vale el compromiso de los individuos con estas causas tan nobles que nos hacen crecer como comunidad globalizada en el buen sentido.

[1] “Las nuevas tecnologías en la configuración de identidades”. Autoras: Lic. Karina Ortiz; Lic. Fernanda Tato; Lic. Soledad Monti vero; Lic. Laura García, Argentina, Universidad de Lomas de Zamora. Elías, Norbert, Proceso de la civilización en la sociología. Galeano, Eduardo, Úselo y tírelo, Editorial Booket, 1994. Romina Florencia Cabrera, “El Hombre frente a la Internet”;Publicación del Observatorio Iberoamericano de Protección de Datos, 17/3/2013.

[2] http://www.derechoalolvido.eu/

El derecho a volver a tener una vida en internet

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Por Daniel Monastersky

Hace unos pocos días un gerente de recursos humanos me había consultado porque su vida se vio afectada por la existencia de comentarios falsos vertidos en blogs por anónimos y personas que habían suplantado identidades para difamarlo.

Hoy en día, la justicia en su mayoría, no considera que este tipo de hechos sea manifiestamente perjudicial, confundiendo el derecho a un buen nombre, al honor y al trabajo con la censura previa y al derecho a la libertad de expresión.

El objetivo de los damnificados es poder quitar los enlaces a esos comentarios falsos, difamaciones, calumnias e injurias que se diseminan y ven facilitado su acceso a través de los buscadores. El contenido original nunca se ve afectado y no se busca una reparación económica, sino solo volver a tener una vida, algo tan sencillo como eso.

Hay que tomar conciencia respecto de la importancia de lo que se dice sobre uno en Internet. En algunos casos puede definir nuestro futuro, personal y profesional. Se hace entonces necesario contar con mecanismos que faciliten la solicitud de baja de contenidos a pedido de la justicia o el bloqueo de la información por un plazo determinado hasta definir la cuestión. De otro modo el daño puede ser inminente e irreparable.

Para tener una buena reputación en Internet es conveniente ocupar los perfiles en redes sociales y realizar un seguimiento o monitoreo de la reputación online.

¿Identidad digital o anonimato?

identidad_virtual

Por Marta Sánchez Valdeón

La identificación virtual es el conjunto de datos que nos permiten diferenciarnos suficientemente del resto de personas en un ámbito concreto. Estos datos suelen ser el nombre, apellidos…
Resulta prácticamente imprescindible identificarse en redes sociales tales como Facebook o Linkedin, cuyo principal objetivo es relacionarte y permitir que los demás usuarios te identifiquen y compartir con ellos cierta información, en el caso de la primera red, por motivos de ocio, en la segunda por motivos profesionales.
Sin embargo tal y como indicábamos en anteriores artículos en muchas ocasiones, cuando los usuario no persiguen el fin de comunicarse con los demás, sino que pretenden simplemente hacer comentarios (en muchas ocasiones dañinos), prefieren esconderse tras el anonimato.
Esto genera una problemática inmensa, sobretodo cuando los comentarios dañan la reputación de empresas, o de personas, que no pueden defenderse frente a estas personas anónimas.
Son muchas las empresas cuyos métodos de marketing en Internet, van orientados al diálogo con los clientes insatisfechos. Estos mecanismos son difíciles de llevar a cabo cuando no se puede identificar a una persona.
Es más, cuando efectivamente se ha cometido un error, o el cliente tiene la razón, la mejor defensa de este, pasa por interponer una hoja de reclamaciones. En ella, se tienen que identificar plenamente, circunstancia que no le supone ningún hándicap, porque sabe que está en lo cierto.
Cuando la persona que efectúa la crítica no se identifica, cuanto menos es signo de poca claridad. Por ello, hay que saber qué comentarios son productivos y nos ayudan a conocer situaciones reales, y cuales no lo son. Fomentar el diálogo con los primeros y desde luego tener “controlados” los segundos.
“Hay que saber en todo momento qué se dice, quién lo dice y donde lo dice”, y sólo así podremos constituir una identidad digital corporativa justa.