Por Aristeo García González

Introducción.

Entender que piensa cada votante y poder enviarle un mensaje personalizado con lo que su partido tiene que ofrecer a esa persona, incluso, campañas de desprestigio de cualquier tipo sobre los adversarios, constituyen la nueva guerra política.

Esta nueva realidad, tiene como arma principal los datos personales obtenidos a través de las redes sociales, así como la difusión de todo tipo información. Sin duda, la información personal es la nueva herramienta política, puesto que su conocimiento da poder y, por medio de su análisis es posible influir en los votantes, así como, en la toma de decisiones políticas. Toda vez que los Estados han perdido paulatinamente su capacidad de supervisar y controlar las comunicaciones dentro de sus propias fronteras.

El caso más reciente bautizado como WhatsApp gate, donde la campaña de Bolsomaro en Brasil fue construida por millones de sus fans, con narrativas múltiples, fragmentadas, al servicio de la alegría y la ilusión por el cambio, esto, mediante una oleada de fake new pro Bolsomaro,  se trató de una campaña financiada por una presunta red ilegal de empresario.

 Sin embargo, el caso que marcó un antes y un después de la política en las redes sociales y el uso de los datos personales lo fue Cambridge Analytics, empresa que contribuyó a la victoria electoral de Donald Trump, minando información personal de millones de usuarios de la red social. De ahí que pueda afirmarse, el monopolio de los datos está en manos de unas cuantas empresas y/o actores, a medida que acumulan más información, acumulan poder, lo cual, sin duda, contribuye al hackeo de la democracia.

Lo anterior, da origen a este trabajo, cuyo punto de partida se encuentra en la siguiente interrogante: ¿Puede un político verse favorecido en un proceso político, por el simple hecho de contar con la información personal de los ciudadanos? En un principio, la respuesta es sí. Pero, cómo lograrlo, sin el consentimiento de los votantes.

Para entenderlo, se ha divido en cuatro apartados, primeramente, resulta preciso conocer qué se entiende por hackeo, posteriormente, cómo es que se ha llevado la democracia a Internet y a las redes sociales. Para enseguida, analizar sus peligros en el entorno digital y sus matices que se hacen presentes ante la creciente vulneración de la información personal en el entorno digital, concluyéndose con algunas consideraciones finales.

¿Qué es un hackeo?

El avance de la era informática ha introducido nuevos términos en el vocabulario de cada día. Es el caso del término “hackeo”, al que se le ha relacionado con los delitos informáticos; aunque no siempre esto es así, ya que pueden existir otras razones por las que alguien comienza a hackear (Zamora, 2018).

En términos generales, el hackeo hace referencia a las actividades que buscan comprometer los dispositivos digitales, como ordenadores, teléfonos inteligentes, tabletas, e incluso, redes enteras. Y, aunque no siempre esta práctica persigue fines maliciosos, cuando se hace referencia a ella, se caracteriza como una actividad ilegal por parte de personas (hackers) conocedoras del tema.

Precisamente, la Real Academia Española ha definido el término “hacker” en los siguientes términos: “persona experta en el manejo de computadoras, que se ocupa de la seguridad de los sistemas y desarrolla técnicas de mejora”. Tal como acontece con el uso y el tratamiento de la información personal disponible en la Red.

En la actualidad, el hackeo se caracteriza como una actividad ilegal por parte de los innovadores y nuevos protagonistas, motivados por la obtención de beneficio económico, por protesta, recopilación de información (espionaje), incluso, sólo por diversión o desafío. Esto, es precisamente lo que está aconteciendo en el terreno político, lo cual esta ocasionado una reinvención de la democracia, pero esta vez en la red.  

La reinvención de la democracia en la red.

Hace ya algunos años, en varias partes del mundo surgieron movimientos emergentes, estallido de revueltas ciudadanas interconectadas en Islandia, Túnez, Egipto, Grecia, Portugal, España y Estados Unidos, todos ellos, con un elemento común, las redes de comunicación digital. De ahí que puede decirse, uno de los pilares fundamentales a la hora de hablar de movimientos políticos innovadores y cambios en las democracias, es la posibilidad que brindan las herramientas digitales.

Sin embargo, el uso de las redes sociales en la política, ha dado un giro de grandes dimensiones, puesto que ahora, ya no se trata de tener injerencia en las decisiones políticas, sino que se busca entrar en la mente de los votantes, con la información que ellos mismos proporcionan a través de los medios digitales.

Lo anterior, ha creado oportunidades para los activistas en pro de la democracia, pero también para partidos políticos radicales con programas muy concretos o extremistas, y han abierto formas alternativas de adquirir influencia política que sortean y derriban la rígida estructura interna y formal del sistema político, tanto de los países democráticos como en los autoritarios (Naím, 2013:32).

Precisamente, la concentración de contenidos y obtención de datos personales a través de las redes sociales ahora están siendo analizados por diversos actores entre los que se encuentran delincuentes, terroristas, piratas informáticos, traficantes, falsificadores y ciberdelincuentes (Naím, 2005:80), incluidos, expertos contratados, o los  denominados numerati[1], a fin de conocer sus hábitos (Baker, 2009: 25), lo que les permite manipular la mente de los votantes, ocasionando una evaporación de la privacidad.  

Incluso, que ya no exista privacidad, ni seguridad en las comunicaciones, es bastante preocupante. Pero aún más peligroso es justamente cómo se está reconfigurando el poder, y su concentración en manos de quienes controlan las tecnologías y los conocimientos. Poder que les está permitiendo acumular aún más riqueza y tecnología más sofisticada, constituyéndose como una verdadera amenaza para el futuro de la democracia misma.

Si bien cierto, hasta hace poco, la mayoría de personas ha venido usando las tecnologías digitales sin preocuparse quién las gestiona y las controla; sin embargo, con las revelaciones de Cambrige Analytica,, ha comenzado a despertarse la conciencia de que el tema sí importa. Sobre todo, con el creciente surgimiento de las granjas de ‘bots’ u ordenadores zombi, encargadas de ampliar la difusión de noticias falsas, la cual se propaga más rápido que la verdadera, afectado a todos los ámbitos, pero sobre todo al político (ElPaís, 2018).  

No obstante, mientras la tecnología digital avanza a pasos agigantados, los marcos legales, los derechos y los mecanismos para garantizar su vigencia siguen al ritmo del mundo analógico. Precisamente, a medida que avanza el crecimiento de Internet, puede que sea necesario que los gobiernos se preocupen cada vez más por su soberanía en la red, especialmente, cuando represente un riesgo para la democracia de un país, sobre todo, en el combate a las fake news (noticias falsas).

El hackeo democrático. Una realidad.  

Nos encontramos en una etapa en el que los avances tecnológicos están haciendo realidad lo que antes parecía ciencia ficción, al grado de que la sociedad ha alcanzado niveles históricos en cuando a disponibilidad de  información y libertad de expresión.

Con  la tecnología, el Internet de las cosas  y la inteligencia artificial[2], ligadas al procesamiento de la información y los datos, así como a la implementación de algoritmos inteligentes, resulta posible identificar tendencias económicas, predecir nuestro comportamiento digital, diagnosticar alguna enfermedad, identificar problemas y sus posibles soluciones, el campo de la política, no es la excepción.

De ahí que puede afirmarse, la democracia en la que siempre hemos venido confiando, está siendo amenazada por diversas organizaciones, capaces de manipular de manera silenciosa el universo digital.

El hackeo o manipulación de la democracia, así como los retos de la tecnología en época de elecciones, tal es el caso del voto electrónico, las noticias falsas y la difusión de la información de diversa índole, son una constante en las redes sociales e Internet, cuya objetivo, no es otro que manipular la mente de los electores, al grado de influir en la toma de decisiones políticas.

Precisamente, el caso de Cambrige Analytica en las elecciones de Estados Unidos en el año 2016 no consistió en que los partidos enviaran propaganda política, identificada como tal, por los medios electrónicos sino en utilizar los perfiles psicológicos e ideológicos de millones de usuarios de Facebook para dirigirles “fake news”, personalizadas, que aparecían en los muros de sus cuentas y fomentaban el discurso del odio.

Como antecedente previo a dicho caso, fue necesario puntualizar el impacto y trascendencia de nuestros datos personales y  su procesamiento, principalmente en Facebook mediante algunos test que dicen: “A qué famoso te pareces”, “qué dicen tus ojos sobre tu personalidad”, “cómo se verá tu futura hija” o “cómo te verás en 50 años”. Sin duda, permitieron la interacción en las redes, a la vez que se estaba recopilando información personal para ser utilizada para otros fines, prepararse para una nueva política y un nuevo gobierno.

Siguiendo con el asunto principal, Cambridge Analytica, empresa dedicada al análisis de datos en procesos electorales previa contratación de políticos, cuya participación en la campaña Brexit y en el proceso electoral de los Estados Unidos de América con Donald Trump, colocaron a la empresa en uno de los mayores escándalos respecto a los datos personales, su procesamiento y elecciones.

La recopilación de los datos fue por medio de la aplicación llamada » This is your digital life (Esta es tu vida digital)», desarrollada por el académico Aleksandro Kogan, a través de un cuestionario de personalidad de Facebook en 2014, datos que luego paso a la empresa Cambridge Analytica, mencionando que se recopilaron para uso académico. Sin embargo dicha aplicación también recopiló información de los amigos en Facebook, la cual también fue utilizada, pese a que en las políticas de Facebook se prohíbe la venta de datos (Guimón, 2018).

Entonces, cabría preguntarse, cuál fue su rol en las elecciones de Estados Unidos de América, con el test de Kogan y la información de Facebook. Según diversos diarios norteamericanos, la tarea principal era inferir perfiles psicológicos de cada usuario, sabiendo cuál debía ser el contenido, tema y tono de mensaje para cambiar la forma de pensar de los votantes casi de forma individual, y no solo eso, además del envío de publicidad personalizada, se desarrollaron noticias falsas que luego se replicaron a través de redes sociales blogs y otros medios. (BBC Mundo, 2018). El resultado ya es conocido por todos, Trump llego a la presidencia de Estados Unidos.

Con lo anterior, queda claro que hoy en día, utilizando la tecnología en los procesos electorales, se pueden obtener resultados favorables para los políticos que mejor sepan hacer uso de la misma.

De ahí que, al inicio de este trabajo se haya afirmado el hecho de que entender qué piensa cada votante y poder mandarle un mensaje personalizado con lo que el partido tiene que ofrecer a esa persona es el sueño de cualquier político con ganas de llegar al poder.

Cabe decirlo, segmentar y crear mensajes específicos para cada grupo no tiene nada de malo. Incluso, es de utilidad para los partidos el hecho de crear mensajes cercanos a las preocupaciones de la ciudadanía, lo cual hizo posible Cambridge Analytica, a través del llamado microtargeting –personalización del consumidor–.

Sin embargo, es peligroso cuando es opaco y no está adecuadamente regulado. Al segmentar altamente los mensajes, éstos solo son vistos por pequeños grupos de población y evitan el escrutinio y la fiscalización pública. Lo anterior, permite a los partidos caer en la opacidad y sembrar dudas sobre un proceso electoral o, directamente incitar al odio mediante desinformación y campañas de descrédito. 

Incluso, es posible que los partidos se escondan detrás de estos mensajes. Cuando el ‘microtargeting’ se hace a través de canales encriptados -como es el caso de WhatsApp- la opacidad aumenta al punto de hacer imposible cualquier tipo de monitorización.

Algo similar ocurrió en el referéndum británico sobre la salida de la Unión Europea (Brexit) y en las elecciones brasileña (Bimbi, 2018), en donde se viralizaron diversos mensajes a través de Whatshapp, similar a lo acontecido en las elecciones brasileñas.  Incluso, ante la masiva difusión de mensajes a través de los medios digitales (especialmente, cuentas de Facebook, Whatsapp y Twitter), una veces cumpliendo las normas y otras, no tanto, ocasionó que algunas de esas cuentas hayan tenido que ser cerradas por difundir información desde cuentas falsas y duplicadas (Ollero, 2019). Tal como también aconteció en la última campaña electoral en España. 

Lo anterior, no es un fenómeno nuevo, aunque con el paso del tiempo se ha ido mejorando con creces, al grado de poder manipular la democracia en cualquier Estado y en cualquier parte del mundo. 

Tal como sucedió en el año 2012 en México con las legiones de bots, las estrategias y operaciones digitales con fines de manipulación electoral lograron un gran impacto y Enrique Peña Nieto logró la Presidencia; sin embargo, la manipulación en temas con relevancia mediática como “Ayotzinapa”, “la casa blanca”, las masacres encubiertas en Apatzingán y Tlatlaya, fueron sucesos marcados que estuvieron marcados por el abuso en la operación digital para intervenir en la conversación e indignación en las redes sociales. Lo que genero un mayor conocimiento por parte de los electores sobre los ‘trending topics‘ (manipulados) y los ‘peñabots’.

Finalmente, para el año 2018, durante la campaña electoral por la presidencia en México,  la manipulación de los electores en el mundo digital, ya no fue tan efectiva como en el año 2012,  lo que significó para México una avance en el tema, pero sobre todo, gracias al trabajo comunitario realizado por #Verificado2018[3], página web encargada de desmentir lo manipulado,    

Lo anterior, son sólo algunos ejemplos del hackeo al cual ha estado sometida la democracia en el mundo digital. De ahí que hayan comenzado a surgir  los ‘factcheckers’ (verificadores de hechos), para desmentir aquéllos o precisar éstas, contrastando las noticias y aportando datos objetivos de fuentes fiables.

En definitiva, las innovaciones tecnológicas hacen necesario debatir qué prácticas sociales y políticas queremos para el siglo XXI, es decir, que tipo democracia queremos y cuál ciudadanía será quien la protagonice.

Conclusiones.

PRIMERA. La tecnología y los medios digitales es una realidad, cada día que pasa nos estamos acostumbrando a la forma en que las mismas nos ayudan a realizar diversas funciones, sin importar la actividad de que se trate. En la política, por sus características es un lugar idóneo para introducir innovaciones tecnológicas, dado el gran volumen de información disponible con la que se cuenta y puede generarse.

SEGUNDA. El uso de macrodatos y algoritmos, sin duda, es una auténtica revolución, con ellos, cada vez más es posible analizar el exceso de información que está presente en Internet y, por ende, los resultados pueden traer resultados favorables en beneficio de la sociedad, la política, no será la excepción. 

TERCERA. Lo más probable, es que en un futuro para hackear la democracia, se utilizaran técnicas mucho más sofisticadas, como una guerra psicológica o usando la inteligencia artificial. Por lo que se dejara de recurrir a becarios, millenials o estudiantes de comunicación. Para ahora, contratarse expertos que creen campañas y con mejoren tanticas de manipulación de los votantes.

CUARTA.  La generación de una política de cultura digital, sin lugar a dudas contribuirá al entendimiento de la democracia en mundo cada vez más global y sin fronteras. Al tiempo.

Fuentes Bibliográficas

  • Baker, Stephen (2009), Numerati. Lo saben todos de ti, Seix Barral, Barcelona, 2009.
  • BBC Mundo, “5 claves para entender el escándalo de Cambridge Analytica que hizo que Facebook perdiera US$37.000 millones en un día”. BBC News. 21 de marzo de 2018. Recuperado de:  https://www.bbc.com/mundo/noticias-43472797
  • Bimbi, Bruno, “Elecciones en Brasil: dinero sucio, corrupción y fake news en la campaña de Bolsonaro. Todo noticias, 21 de octubre de 2018, en la página web: https://tn.com.ar/internacional/elecciones-en-brasil-dinero-sucio-corrupcion-y-fake-news-en-la-campana-de-bolsonaro_907624
  • Guimón, Pablo, “El Brexit no habría sucedido sin Cambridge Analytica”,  El País, España, 27 de marzo de 2018, en la página web: https://elpais.com/internacional/2018/03/26/actualidad/1522058765_703094.html
  • García González, Aristeo, “Democracia e Inteligencia Artificial. Cuando las decisiones dependen de la tecnología. Una aproximación”, Elector.com, 2(4), julio-diciembre 2018, en la página web https://iem.org.mx/index.php/publicaciones/revista-elector-com
  • Naím, Moisés, El fin del Poder, Ramdom House Mondadori/Debate, México, 2013.
  • Rifkin, Jeremy, La era del acceso. La revolución de la nueva encomia, Paidós, Barcelona, 2013.
  • Naím, Moisés, Illicit: How, smugglers, Traffickers and Copycats Are Hijacking the Global Economy, Doubleday, Nueva York, 2005[trad. Cast.: Ilícito, Debate Barcelona, 2006].
  • Ollero, Daniel, “Facebook contra la derecho radical: Cierra decenas de páginas con millones de seguidores”, Periódico el Mundo, Madrid, 23 de abril de 2018, en la página web: https://www.elmundo.es/tecnologia/trucos/2019/04/23/5cbf402c21efa06d5e8b4726.html   
  • Salas, Javier, “La información falta llegas más lejos, más rápido y a más gente que la verdadera”, Periódico El País, España, 8 de marzo de 2018.

[1] Físicos, ingenieros computacionales, psicólogos, economistas, geógrafos y diseñadores, entre otros (Baker, 2009).

[2] El concepto generalizado es aquél que alude a “la capacidad de procesar información y datos para resolver problemas diversos en función de alcanzar objetivos” (García, 2018:40).

[3] Se trata de un proyecto integrado por más de 60 organizaciones sociales, universidades y medios de comunicación, cuyo objetivo será detectar las noticias falsas o ‘fake news‘ y luchar contra ellas de cara a las elecciones presidenciales.

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