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Por Joel Gómez Treviño

Apenas hace unos días una noticia cimbró a los activistas de privacidad en el mundo entero. A alguien se le ocurrió revisar la “Política Global de Privacidad – Sumplemento SmartTV” de Samsung y se percató de que, entre otras cosas, dice lo siguiente:

Reconocimiento de Voz

Usted puede controlar su SmartTV, y utilizar muchas de

sus características, con comandos de voz.

Si habilita el reconocimiento de voz, usted puede interactuar con su Smart TV usando su voz. Para proporcionarle la función de reconocimiento de voz, algunos comandos de voz pueden ser transmitidos (junto con información sobre el dispositivo, incluidos los identificadores de dispositivos) a un servicio de terceros que convierte voz en texto o en la medida necesaria para proporcionarle a usted las características de reconocimiento de voz. Además, Samsung puede recopilar -y su dispositivo puede capturar- comandos de voz y textos asociados, con el fin de ofrecer no solo funciones de reconocimiento de voz, sino también evaluar y mejorar sus características. Tenga en cuenta que si sus palabras habladas incluyen información confidencial personal u otro tipo de información sensible, dicha información será parte de los datos capturados y transmitidos a un tercero a través de su uso del reconocimiento de voz. 

Si no activa el reconocimiento de voz, usted no será capaz de utilizar las funciones de reconocimiento de voz interactiva, aunque es posible que pueda controlar su televisor utilizando ciertos comandos de voz predefinidos. Aunque Samsung no almacenará su palabra hablada, Samsung podría recolectar textos asociados y otros datos de uso para que podamos evaluar el desempeño de la función y mejorarla.

Usted puede desactivar la recopilación de datos de reconocimiento de voz en cualquier momento visitando el menú “Ajustes”. Sin embargo, esto puede impedir el uso de todas las funciones de reconocimiento de voz.

Este hecho puede analizarse desde muy diversos puntos de vista. Antes que nada, hay que ser objetivos, esta noticia no salió de un cable de wikileaks, ni era información oculta o secreta que accidentalmente se hizo del conocimiento del público. Esta información forma parte de las Políticas Globales de Privacidad de Samsung, que están publicadas en este enlace: Políticas Samsung. Dicho de otra manera, es información pública.

Además de lo anterior, cada vez que instalamos un Smart TV nuevo en nuestro hogar u oficina, tenemos que pasar por una serie de pantallas como las que abajo se muestran, en donde el dipositivo claramente solicita nuestra lectura y aceptación, tanto de los Términos y Condiciones del Servicio, como de las Políticas de Privacidad.

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El problema que tenemos en México, y tal vez en muchas partes del mundo, es que no estamos a acostumbrados a leer nada. Cuando vamos al banco a sacar una tarjeta de crédito o cuenta de ahorro, ¿cuántas veces hemos leído con detalle el contrato y demás documentos que se nos pasan a firma? Si no lo hacemos en un banco, ¿por qué razón habríamos de leer los términos y condiciones o política de privacidad de un teléfono, tableta o smart TV? El problema es nuestro, no del vendedor, del banco o de la empresa que nos vende algo. Si nosotros no nos preocupamos por leer y entender lo que se nos pasa a firma (o aceptación), nadie más lo va a hacer.

Las noticias que circularon ayer por internet siembran en los usuarios la preocupación de que una TV pueda estar “escuchando” y compartiendo nuestras conversaciones a terceros responsables de coadyuvar en la prestación de la función de reconocimiento de voz. Este hecho, es indudablemente cierto. También es cierto que nos diéramos a la tarea de leer lo que firmamos o aceptamos antes de hacerlo, nos enteraríamos de muchas cosas de primera mano, y no a través de noticias sensacionalistas. También sabríamos que la funcionalidad que reconocimiento de voz puede desactivarse en cualquier momento con un par de clics.

No hay espacio suficiente en la columna para tratar todos los temas legales derivados del “Internet de las Cosas”, prometo dedicar un espacio para tratar este tema. Por ahora solo me resta concluir que cada vez son más los dispositivos que no solo se conectan a internet, sino que interactúan entre sí sin la intervención de un humano. Estos dispositivos son capaces de intercambiar información del uso que le dan “sus dueños” a otros dispositivos, que a su vez envían esta información a fabricantes o intermediarios. Este es el mundo de Internet de las Cosas, un mundo en el que la privacidad es un derecho más vulnerable que nunca.

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